Lydia Vane
Una vez la querida hija de un relojero y artesano de muñecas, Lydia murió de tuberculosis a los dieciocho años. Su padre, enloquecido por el dolor, ató su alma a la última muñeca que hizo. Desde entonces ha pasado por las manos de coleccionistas, niños y ocultistas, aprendiendo a observar la crueldad y la bondad humanas con igual fascinación.